Si se va a hablar de compromiso con San Antonio, al menos corresponde hablar con la verdad.

No es efectivo presentar como gran inversión los más de $3.000 millones mencionados para el borde costero, cuando ese monto responde a una deuda pendiente desde 2014, derivada de un cambio de Plan Regulador hecho a la medida de Epsa.
Cumplir una obligación atrasada no es lo mismo que invertir en la ciudad. Tampoco se ajusta a la realidad atribuirse avances en el paseo costero o en el parque DyR.
Ambos espacios han permanecido por décadas postergados, precisamente a la espera de proyectos anunciados una y otra vez, sin ejecución real ni mejoras proporcionales a las necesidades de la comunidad.
Lo que ha existido es demora, abandono y promesas recicladas
Respecto de cursos, capacitaciones o alfabetización digital, nadie discute su valor. Pero presentarlos como gran transformación urbana resulta desproporcionado frente a las verdaderas urgencias de San Antonio: áreas verdes, conectividad, recuperación de espacios públicos, mitigación ambiental, seguridad y calidad de vida.
Lo que se ofrece como gestión muchas veces termina siendo cosmética comunicacional. Y San Antonio no necesita cosmética : necesita ética en el actuar de su empresa portuaria, transparencia en sus compromisos y respeto por la ciudad. La comuna que sostiene la principal actividad portuaria del país no puede seguir recibiendo migajas acompañadas de campañas publicitarias.
San Antonio merece inversión real, reparación justa y respeto. Lo demás es propaganda.
Equipo Ojos de Mar

